El Niño continúa intensificándose y las señales observadas en el océano Pacífico coinciden cada vez más con el escenario que las autoridades salvadoreñas vienen anticipando para los últimos meses de 2026: déficit de lluvias, temperaturas elevadas, períodos secos más recurrentes y mayor presión sobre el agua y la agricultura.
La actualización más reciente del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), emitida el 10 de septiembre, estima una probabilidad superior al 90 % de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-2027.
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Incluso existe, según el organismo, un 75 % de probabilidad de que durante el trimestre octubre-diciembre alcance valores que lo colocarían entre los episodios más intensos registrados desde 1950.
Calor y menos lluvias hasta noviembre en El Salvador, según el MARN
Eso no significa que un desastre ocurrirá automáticamente en El Salvador ni que dejará de llover de un día para otro.
Significa que existe una señal climática suficientemente importante como para prestar atención y prepararse.
NOAA no sustituye al MARN, pero ayuda a entender el Niño
La NOAA no es la autoridad meteorológica de El Salvador. El seguimiento y los pronósticos nacionales corresponden principalmente al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).
Sin embargo, organismos como NOAA cuentan con redes de observación oceánica, satélites, boyas, modelos climáticos y centros de investigación que permiten seguir fenómenos que abarcan prácticamente todo el planeta.
Su información es utilizada como referencia científica por servicios meteorológicos y organismos internacionales.
En el caso salvadoreño existe además una relación documental directa: la declaratoria de Alerta Roja por sequía meteorológica y agrícola, emitida por Protección Civil el 25 de agosto, menciona entre sus fundamentos científicos los análisis de NOAA y de la Organización Meteorológica Mundial.
La misma declaratoria se sustenta principalmente en la perspectiva climática elaborada por el MARN para El Salvador.
Por eso, la nueva actualización estadounidense no debe interpretarse como una alerta extranjera que sustituye al pronóstico salvadoreño, sino como una nueva pieza de evidencia sobre la evolución de un fenómeno global que ya está siendo vigilado dentro del país.
¿Qué está viendo NOAA?
Durante agosto, la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial continuó aumentando.
El índice Niño 3.4, uno de los principales indicadores utilizados para evaluar el fenómeno, alcanzó una anomalía aproximada de +1.8 °C, mientras que otras regiones del Pacífico oriental registraron valores todavía mayores.
NOAA también detecta señales atmosféricas compatibles con un fenómeno plenamente acoplado entre océano y atmósfera.
Su conclusión es clara: El Niño no solamente está presente, sino que continúa fortaleciéndose y podría seguir haciéndolo hasta finales de año.
Sin embargo, hay una precisión importante.
Expresiones como “Super Niño” o “Niño Godzilla” pueden utilizarse popularmente para describir episodios extraordinariamente fuertes, pero no constituyen categorías oficiales de clasificación meteorológica.
Tampoco existe evidencia científica de que el fenómeno vaya a cambiar bruscamente de categoría en una fecha específica de septiembre. Su evolución se observa durante semanas y meses.
¿Y qué dice El Salvador?
Las señales internacionales coinciden con la perspectiva que el MARN publicó para agosto-noviembre.
El organismo salvadoreño prevé que El Niño continúe fortaleciéndose hasta alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte hacia finales de 2026 e inicios de 2027.
Para agosto-octubre, el acumulado nacional previsto es de aproximadamente 831.6 milímetros, frente a los 939 milímetros considerados como promedio climatológico.
El Salvador en Alerta Roja nacional ante la amenaza de sequía severa
Las mayores probabilidades de recibir lluvia por debajo de lo normal se concentran en las regiones paracentral y oriental, donde llegan a entre 70 % y 90 %.
En la zona central rondan entre 50 % y 70 %, mientras que en occidente se sitúan entre 40 % y 50 %.
El MARN también anticipa mayor recurrencia de períodos secos durante la segunda parte de la época lluviosa y temperaturas elevadas.
El escenario es especialmente relevante porque El Salvador ya acumula irregularidad en las precipitaciones durante 2026.
Protección Civil documentó un déficit de lluvia de 41 % durante mayo, un inicio temprano de la canícula, varios episodios de sequía meteorológica y temperaturas que durante agosto establecieron múltiples récords.
Niño: qué podemos empezar a hacer desde ahora
La intensificación del fenómeno no requiere entrar en pánico. Sí permite tomar decisiones sencillas antes de que el déficit de agua pueda hacerse más evidente.
Cuidar el agua desde ahora. No es necesario esperar a que exista un problema de abastecimiento. Reparar fugas, reducir consumos innecesarios, reutilizar agua cuando sea sanitariamente seguro y evitar desperdicios puede ayudar a disminuir la presión sobre las reservas familiares.
Revisar cómo almacenamos el agua. Los recipientes deben permanecer limpios y correctamente cubiertos. La disminución de disponibilidad puede llevar a almacenar agua durante períodos más prolongados, por lo que también aumenta la importancia de evitar contaminación y criaderos de mosquitos.
Prepararse para temperaturas elevadas. Mantener una hidratación adecuada, evitar exposición prolongada al sol en las horas de mayor calor y prestar especial atención a niños, adultos mayores y personas que trabajan al aire libre son medidas preventivas que adquieren mayor importancia durante períodos cálidos prolongados.
No interpretar una tormenta como el final de la sequía. El Salvador todavía puede experimentar lluvias fuertes, tormentas eléctricas e incluso afectaciones locales mientras existe un déficit acumulado de precipitación.
De hecho, Protección Civil advierte que ambos escenarios pueden coexistir: períodos secos prolongados y episodios breves de lluvia intensa.
Quienes dependen de cultivos o ganado deben seguir las recomendaciones oficiales. El déficit de humedad puede afectar de manera distinta cada zona, cultivo o sistema productivo. El MAG y el MARN mantienen vigilancia agroclimática y las decisiones sobre siembra, riego o alimentación animal deben adaptarse a las condiciones locales.
¿Debemos preocuparnos desde septiembre?
Más que preocupación, la palabra adecuada es preparación.
NOAA advierte que un fenómeno de esta magnitud aumenta la posibilidad de experimentar impactos típicamente relacionados con El Niño, pero también señala que esos efectos no están garantizados de la misma manera en todas las regiones.
Ese detalle es fundamental.
El comportamiento de las lluvias en El Salvador depende además de sistemas regionales como las ondas tropicales, el Caribe, el Atlántico y otras variaciones atmosféricas.
Por ello, todavía pueden producirse días o semanas lluviosas incluso dentro de una temporada con déficit general de precipitación.
Lo importante ahora es observar la tendencia.
El Salvador ya tiene una Alerta Roja nacional por sequía meteorológica y agrícola, el MARN anticipa precipitaciones por debajo del promedio y NOAA acaba de aumentar la confianza en que El Niño alcanzará una intensidad muy fuerte.
Son señales suficientes para actuar con prevención, pero no para asumir escenarios catastróficos que todavía no han ocurrido.
La evolución será particularmente importante durante octubre, noviembre y diciembre, cuando los modelos esperan que El Niño continúe intensificándose.









