La televisión salvadoreña guarda en sus archivos momentos de profunda consternación, pero ninguno tan recordado por su incomodidad como el día en que el presentador mexicano Adal Ramones profirió un grave insulto al querido conductor Alejandro “Gordo” Max González.
Este lamentable desliz ocurrió en vivo y directo durante la transmisión de un evento social y benéfico de seriedad incuestionable orientada a la rehabilitación de miles de niños con discapacidad.
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En un escenario que exige la máxima solemnidad, compostura y un lenguaje intachable, el uso de vocabulario soez rompió por completo el protocolo familiar del evento benéfico cuando el comediante exclamó ante las cámaras:
“¡Eres un cerote!”.
Para la sociedad salvadoreña, la frase emitida por Ramones transgrede las normas del buen gusto y la sana convivencia familiar. El choque cultural se produjo bajo circunstancias particulares: mientras en otras latitudes se pretendía hacer un juego lingüístico con un “cero de gran tamaño”, para el público salvadoreño el término es estrictamente escatológico, vulgar y altamente ofensivo si se emite sin una confianza íntima.
A Adal Ramones, se le chispoteó
Proferir la frase en el Gimnasio Nacional de San Salvador y ante las cámaras de televisión nacional constituyó una flagrante violación al ambiente familiar y sagrado que promueve la Teletón. Las crónicas periodísticas de la época y las posteriores revisiones del suceso, como el reporte histórico de de medios locales, confirman que al conductor mexicano de Otro Rollo “se le chispoteó” debido a una evidente ignorancia cultural.
El propio Ramones abordó con pena este famoso error en una entrevista televisiva posterior, explicando el silencio de asombro y las risas nerviosas que congelaron el recinto en aquel momento, admitiendo que ignoraba el verdadero impacto de sus palabras en la sociedad salvadoreña.
A pesar de que el “Gordo” Max intentó mantener la hidalguía y la sonrisa para salvaguardar el flujo de donaciones del evento, el incidente quedó registrado como un recordatorio de que las buenas costumbres y el respeto al lenguaje local deben anteponerse siempre, incluso ante los intentos de humor internacional. Hoy, con el inminente regreso de Adal Ramones a las pantallas salvadoreñas para la Teletón 2026, la audiencia conserva fresca la memoria de aquel exceso verbal con una mezcla de picardía y estricta vigilancia familiar.









